George sobrevive. Duerme de día desparramado sobre las numerosas escaleras de la Catedral del Centro de Lima. Parece que fuera invisible porque nadie se da cuenta de
que posee un cuerpo.
Los siete días de la semana permanece sentado con la cabeza gacha, velando su intimidad
como si fuera un fardo vivo.
No pide dinero, aunque a veces alguien le regala una moneda o le invita algo de comer. Él agradece
con una gentil sonrisa y vuelve otra vez a sí mismo.
Sonámbulo, el humo de su cigarrillo va iluminándose
por
las luces de las farolas porque está cayendo la noche. Es cuando
se refugia en la Alameda Chabuca Granda y escucha al río Rímac hablar mientras se queda
nuevamente dormido.